editorial

La innovación en política es un desafío innegable

Se dice que el siglo XXI será aquel que tendrá a las ciudades como protagonistas y, con pronósticos que estiman que para el 2050 el 75% de la población mundial será urbana, es muy probable que esto sea cierto, con todo lo bueno y lo complejo que eso implica.
Hoy ya vamos por el 50% de ese vaticinio, y los desafíos están a la vista: ciudades grandes, chicas y medianas en América, Asia y Europa que tal vez tengan en realidad bastante poco en común desde un punto de vista histórico o cultural comparten sin embargo problemas tales como distribución de la población, la vivienda y el ingreso; conflictos de transporte público; desocupación; ineficiencia energética…la lista es larga y las soluciones, múltiples, pero de lo que estamos seguros en todas partes es que es hora de pensar soluciones nuevas para esos problemas que, aunque ya son viejos conocidos, van creciendo en escala y complejidad al ritmo de la urbanización expansiva de la que estamos siendo testigos . En ese sentido, de a poco se va estableciendo un consenso global según el cual hay una clase de economía capaz de adaptarse y responder mejor a los desafíos presentes y futuros, que es la economía creativa; una economía basada no ya en manufacturas y commodities , sino en la creatividad y el valor intelectual de las personas, que incluye por supuesto a la música, el diseño, los libros, la moda y las películas, pero también abarca las nueva tecnologías, las innovaciones de la ciencia y el fomento a bienes y servicios de alto valor agregado.

No es casual que los modelos de las principales economías del mundo estén encarando en esta dirección: la economía creativa es el quinto sector más importante en términos de ventas a nivel mundial, y las exportaciones de bienes y servicios creativos alcanzaron, en 2011, la suma total de 646 mil millones de dólares. Y esto no es todo: un informe reciente indicó que la economía creativa aporta 8.8 millones de Libras Esterlinas por hora a la economía del Reino Unido, a la par que el conjunto de estas actividades representa el 16% del PBG de Londres y el 11% en Berlín.

También la economía creativa se pone en funcionamiento a la hora de modificar la ciudad y convertirla en un lugar mejor y con una calidad de vida más alta para todos sus habitantes.
¿Y cómo se relaciona esto con las ciudades?.

En primer lugar, la ciudad es el hábitat natural en el que se desarrollan entornos dinámicos y creativos que, junto con el talento emprendedor, estimulan el florecimiento de este tipo de economía. Cuanto más abierta, diversa, dinámica y cosmopolita la urbe, más fértil el terreno. Por otra parte, así como la ciudad plantea el paño ideal para el desarrollo de este modelo post-industrial, también la economía creativa se pone en funcionamiento a la hora de modificar la ciudad y convertirla en un lugar mejor y con una calidad de vida más alta para todos sus habitantes. Esto es algo que tenemos muy presente en la ciudad de Mar del Plata, y es por eso que se plantea el papel de la economía creativa como catalizadora de la innovación. En ese sentido, se puede llevar adelante distintas políticas públicas orientadas a desarrollar la Ciudad incorporando a la creatividad, el emprendedorismo y, por supuesto, la innovación, como pilares de nuestro desarrollo económico. Para esto, es fundamental antes que nada reconocer las fortalezas locales en este aspecto para, a partir de ahí, trabajar en conjunto con los actores más relevantes del sector para desarrollar políticas efectivas que logren resultados concretos en cada área. Además, es importante tener una visión a largo plazo. Apuntar a posicionar a Mar del Plata como un polo de innovación y creatividad que sea un referente para el país, la región y el mundo, y es por eso que trabajamos tanto con la industria por medio de capacitaciones y programas de apoyo para cada sector, como desde el Estado, con políticas públicas que apunten a promover estas industrias más allá de lo local.

Tenemos en la Provincia de Buenos Aires buenos ejemplos de políticas específicas que, apuntadas a fortalecer la creatividad, han resultado exitosas. Contamos en primer lugar con los Distritos Creativos, que son el resultado de una política territorial que apunta a desarrollar zonas de la ciudad históricamente postergadas en nuestro caso, los barrios del sur, atando este desarrollo al de un sector particular por medio de incentivos fiscales y económicos para las empresas que allí se instalen, a la vez que el Estado acompaña este desarrollo con una fuerte inversión en el espacio y los servicios públicos.
Hoy tenemos cuatro Distritos de las artes, tecnológico, audiovisual y de diseño y, cada uno en su medida, han tenido excelentes repercusiones tanto para el barrio en el que están como para el sector al que concentran. Por otra parte, y porque se reconoce el valor del diseño como factor clave para el desarrollo social, cultural y económico, promovemos su incorporación en todos los campos y procesos de la gestión pública a la hora de generar escenarios innovadores por medio de nuestro Programa de Incorporación de Diseño en políticas públicas; en el marco del fomento de la incorporación de esta disciplina como una herramienta para el desarrollo de una Ciudad Creativa.
Básicamente, y así como lo hacemos con emprendimientos y empresas privadas para que puedan incrementar su competitividad, lo que se busca es que se aplique el diseño como una herramienta de innovación estratégica para la gestión pública, y por eso buscar trabajar en conjunto con distintas áreas de gobierno. Este último punto es fundamental, en tanto y en cuanto este tipo de modelo económico es esencialmente colaborativo. Tal es así que en la Ciudad conformamos una Mesa de Innovación en la que participan colegas de todas las áreas de Gobierno, y desde la que impulsamos proyectos que le están cambiando la vida a las personas.

Después de todo, innovar se trata justamente de eso: de cambiar el punto de vista y encontrar nuevas soluciones a los problemas de siempre. Y todos estamos en condiciones de hacerlo.

Artículo de opinión
Autora: Juliana Santillán

Twitter: @SantillanJuli1

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